¿Cómo funciona la Inteligencia Artificial (IA) y cómo puede ayudarnos en la salud?
Para entender cómo funciona la Inteligencia Artificial, pensemos en algo sencillo: enseñar a un niño a reconocer perros. Le mostramos muchas fotos de perros de distintos tamaños, colores y formas, y le decimos: “esto es un perro”. También le mostramos fotos de gatos y aclaramos: “esto no es un perro”. Poco a poco, el niño aprende a distinguir entre ambos, incluso cuando se enfrenta a un perro que nunca ha visto antes.
La IA aprende de manera parecida. No recibe instrucciones específicas para cada situación, sino grandes cantidades de información (fotos, textos, audios, números, etc.). Con esa información va encontrando patrones y aprendiendo a reconocerlos. Este proceso se llama entrenamiento.
En su interior, la IA utiliza algo llamado redes neuronales, que imitan, de forma muy simplificada, cómo funciona nuestro cerebro. Cada vez que la alimentamos con datos, estas redes ajustan sus “conexiones” y se vuelven más precisas para identificar y diferenciar cosas. Por ejemplo, si se le muestran millones de imágenes de perros y gatos, aprenderá qué rasgos caracterizan a cada uno.
IA al servicio de la salud y el bienestar de los mayores
La verdadera fortaleza de la Inteligencia Artificial es su capacidad para descubrir patrones que, a simple vista, muchas veces pasan desapercibidos para nosotros. Esta cualidad puede resultar especialmente valiosa en el ámbito de la salud mental y el bienestar de las personas mayores.
Con el consentimiento de la persona, y de forma anónima en estudios generales, la IA puede detectar cambios sutiles en la manera en que alguien se comunica o interactúa. Por ejemplo, identificar si en sus mensajes aparece con más frecuencia un lenguaje que refleja tristeza, apatía o desinterés.
En este contexto, el surgimiento de esta nueva herramienta representa una oportunidad importante para integrarla como un apoyo discreto. No reemplaza la labor de un profesional, pero sí puede servir como un recurso que nos ayude a levantar señales de alerta cuando algo merece ser atendido.
Además, la IA, utilizada de manera responsable, puede convertirse en un acompañamiento emocional. Pensemos en esos días en los que uno se siente con el ánimo bajo, con la mente llena de preocupaciones que parecen no tener fin. En esos momentos, puede funcionar como un “diario inteligente” que escucha sin juzgar, ayuda a poner en orden los pensamientos y ofrece sugerencias sencillas para recuperar claridad y tranquilidad.
Otro aspecto valioso es su carácter conversacional, que la hace especialmente útil para resolver dudas o problemas relacionados con la tecnología de forma accesible. Desde aprender a utilizar un dispositivo o una aplicación, hasta comprender mejor cómo navegar en una página web, puede guiar paso a paso y reducir la frustración que suelen generar estos obstáculos. Así, no solo puede brindar apoyo emocional, sino que también puede favorecer la autonomía digital de las personas mayores, reforzando su confianza y su independencia en la vida cotidiana.
Seguridad y precaución en el uso de la IA
Es importante también hablar con claridad sobre los riesgos. Últimamente se han reportado casos en que personas en situaciones de gran vulnerabilidad usaron agentes conversacionales como únicos confidentes, con desenlaces trágicos.
La IA no debe ni puede sustituir la ayuda profesional en situaciones de crisis. Estos sistemas se diseñan con protocolos de seguridad para priorizar el bienestar de la persona y redirigirla hacia recursos humanos especializados cuando expresa ideas suicidas o de riesgo.
Aun así, debemos ser conscientes de que la tecnología no es infalible y puede ser manipulada. Por ejemplo, formulando preguntas de manera indirecta para obtener respuestas que, de forma directa, no serían ofrecidas. Es fundamental destacar que este tipo de uso de la IA constituye un abuso de estas herramientas, ya que explota las vulnerabilidades del sistema.
Por eso, además de reforzar constantemente las medidas de seguridad, es fundamental acompañar el desarrollo tecnológico con prudencia, normas claras y, sobre todo, con una mirada ética centrada en la protección de las personas.
En SERENIA, estamos convencidos del potencial transformador de la tecnología para mejorar la calidad de vida de las personas mayores, pero también de la necesidad de que sea implementada de forma segura y sin riesgos. Para ello añadimos medidas de protección contra posibles malos usos, y seguimos desarrollando el asistente plenamente comprometidos con los más altos niveles de ética y valores, y poniendo siempre a la persona (el usuario) por encima de cualquier otra consideración.
Queremos ante todo ofrecer tranquilidad a las familias y autonomía a las personas mayores mediante soluciones que fomenten la conexión, la asistencia y el bienestar, sin comprometer nunca su seguridad, y esperamos que poco a poco se conozca a SERENIA como la “IA confiable” que permita a los usuarios más precavidos entrar en este magnífico mundo sin miedos ni riesgos o efectos secundarios.

